"Ecoutez"

Lic. Nora Galliano

Hace muchos años, cuando Lacan ya estaba viejo y a sus seminarios asistían muchísimas personas ansiosas de escucharlo, y otras tantas quedaban fuera, se había organizado una conferencia de la que el mismo sería el único orador: pero el viejo psicoanalista se retrasaba.

Todos los que estaban allí, psicoanalistas también, ardían de impaciencia por escucharlo, pero el reloj corría, y Lacan no aparecía. Cuando ya todos pensaban que el viejo maestro no asistiría, irrumpió como un rayo sobre el escenario en donde le habían montado su sitio de orador, tomó una tiza, y sin saludar ni dar por comenzada la conferencia formalmente, dibujó sobre la pizarra una oreja, y debajo de la oreja, en mayúsculas, escribió la palabra: Ecoutez. Y así como había entrado, se retiró dando por finalizada la conferencia, para consternación de muchos, y para clase magistral de otros, dando así lugar a esta anécdota que estoy contando, que: si non e vero, e ben trovato.

Más allá de las opiniones sobre la persona y las teorías de Lacan, que no vienen ni mucho menos al caso, para mí ha sido una de las enseñanzas más fructíferas para mi trabajo como analista que he tenido: mi trabajo, consiste fundamentalmente en escuchar. Y luego por supuesto, vendrá lo que yo haga con esa escucha. En escuchar lo que el yo dice, pero por sobre todo, lo que no dice. Porque en lo oculto anida la verdad. Y todos los que estamos en ésto, sabemos que el yo, ese lugar de desconocimiento, siempre es hablado, dicho, por Otro (ya que estamos con Lacan...), que sí sabe..., ¿sabe? o es fundamentalmente inconsciente, al decir de Jung en Respuesta a Job? (Bueno, ésto da para otra discusión). Y es a ese Otro al que los analistas escuchamos cuando alguien "nos habla". En si, y en sus analizandos.

Por otra parte, también los analistas sabemos, que cuando alguien "nos habla", cuando alguien "nos dirige la palabra", en realidad no es a nosotros a quien nos habla, aunque así parezca. Sabemos que diga lo que nos diga quien nos habla, más allá de lo personal, está aquello que no lo es, y a eso que no es personal, es a lo que debemos atender (con esto no quiero decir que no debemos escuchar lo personal que nos concierne, ya que casi siempre los pacientes dan en el clavo con las sombras de uno, sino que no debemos escuchar sólo eso). Sino, sería imposible para nosotros, lidiar por ejemplo con la transferencia negativa, con el odio de transferencia, con la RTN, porque si pensamos que está dirigido realmente a nosotros, nos ofenderíamos a muerte en algunos casos, obturando así el proceso de análisis, y dejando vacante nuestra posición de analistas, para sumir al otro en una profunda angustia, o para convalidarlo en su posición. Incluso faltando a nuestra regla fundamental, que más o menos dice, en palabras de la que fué mi analista por muchos años, Cecilia Sinay, y otro poco tambièn en las mìas, así: "Mire, yo necesito que usted hable para que podamos llevar adelante ésto. Y cuando digo que hable, le estoy diciendo que diga cualquier cosa, lo primero que se le ocurra. Yo no me voy a enojar, ni voy a salir corriendo, ni le voy a pegar, ni lo voy a juzgar, porque no estoy aquí para eso, yo estoy aquí para escuchar, y para decirle luego a usted que es lo que yo escuché, lo que yo creo que usted dijo diciendo y sin decir. Este espacio es suyo, y yo estoy aquí para cuidar ese espacio. Y siempre estaré aquí. Así que usted no tiene nada que cuidar sobre lo que dice. Todo puede ser dicho. Y cuando digo todo, es todo. Lo que sí no puede, es hacer cualquier cosa. Puede decir cualquier cosa. Porque cada vez que diga, estará hablando de usted, aunque hable de otros. Usted pagará con sus palabras y con dinero, mis palabras y mi tiempo. Yo seré para usted, aunque usted no lo sepa, mucho más que yo. Incluso por momentos hasta su padre y su madre, pero no me pida que lo tome en brazos, porque ya no me da la espalda..."

Muchas veces un analista, despide incluso a un analizando, y le dice que por el momento (incluso generando angustia y confusiòn) el análisis no puede continuar. Con ésto no le está diciendo que no quiere escuchar más. Todo lo contrario, le está diciendo que como escucha, entiende que, (y aquí puede ser por diversos motivos), uno no debe estar más ahí para él, al menos hasta que no cambien determinadas circunstancias.

En definitiva, el analista está escuchando siempre, y en eso consiste su herramienta básica, la brùjula con la que luego intentará acompañar a quien le ha confiado el privilegio de convertirse en un acompañante particular, de un camino individual y propio de conocimiento que ha decidido emprender en la vida.