EL Principito Un viaje al Corazón

Manuel J. Moreno

"El Principito" (Le petit Prince"), es la obra más conocida y entrañable del gran humanista francés Antoine de Saint-Exupery, desaparecido en una misión bélica de reconocimiento sobre el Mar Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial.

El Principito, una "fábula de niños para adultos", como alguien ha dicho, constituye un canto literario a los valores más irrenunciables del ser humano. La obra, está dirigida al corazón mismo de la sensibilidad; ¿quién no ha sentido una sacudida ya en edad adulta ante el drama personal y arquetípico de este hombrecillo extraordinario?.

Todo arranca, según se va esclareciendo a lo largo del relato, del enajenamiento y la confusión que el principito sufre ante la experiencia primeriza del amor;

"No debí haberla escuchado -me confió un día-; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma...", "...No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla".

"El Principito", espejo del universo interior, del Sí mismo, relata "el viaje existencial" a través del conocimiento, de un "niño", único habitante de un asteroide ("...tengo serias razones para creer que el planeta de donde venía el principito es el asteroide B 612"), que empujado por el aguijón del dolor, del extravío originado en el drama amoroso, se reencuentra a sí mismo a través del conocimiento y de la amistad, e irá desvelando secretos a lo largo del viaje por los planetas de su entorno y de los encuentros que en el mismo van teniendo lugar.

Desde la óptica desprejuiciada y unitaria del principito todo está impregnado de vida y de significado (sentido y sin sentido); el rey, el vanidoso, el bebedor, el hombre de negocios, el farolero, el anciano geógrafo, el guardagujas, el mercader, la flor, el zorro, la serpiente... cada visita supone una reflexión fundamental, una lección sencillamente expresada, que acerca al principito hacia su verdadero fin, el retorno a sí mismo, una vez perdida la ingenuidad y la inconsciencia propias de la niñez (cronológica o mental/espiritual).


"-Buenos días- dijo el principito.
Buenos días- dijo el mercader.
Era un mercader de píldoras perfeccionadas que aplacan la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber.
-¿Por qué vendes eso?- dijo el principito.
Es una gran economía de tiempo -dijo el mercader-
Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-Y, qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Se hace lo que se quiere...
-Yo, se dijo el principito, si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría suavemente hacia una fuente..."

Nada queda marginado del interés del principito. Sus preguntas, dirigidas al corazón mismo del asunto que le inquieta, son repetidas hasta alcanzar la respuesta satisfactoria;

"-Pero, ¿qué significa "efímera"?- repitió el principito que, en toda su vida, no había renunciado a una pregunta, una vez que la había formulado."

Esta insistente información que Saint-Exupery nos aporta acerca del modo de inquirir del principito pretende incidir en el hecho de que las preguntas que brotan de la mente del principito son verdaderas en el sentido de que nacen de una genuina necesidad de conocimiento y son formuladas teniendo por fundamento una poderosa aunque sencilla razón de ser, el afán de esclarecer, condición indispensable para alcanzar una justa y honda visión de las cosas.

El principito es un modelo de relación con la existencia, nacido de una conciencia alerta, sensible y que apunta más allá de las convenciones, buscando redimirse a sí misma ante el sin sentido que al acecho, amenaza con anegar el corazón humano. Muestra como el amor y la amistad otorgan sentido y plenitud a las cosas y los seres con quienes nos relacionamos, sustrayéndolos del anonimato de lo común y dándoles un carácter único e insustituible;

"...Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito, a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse.
Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro.
Pero tu no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa... -repitió el principito, a fin de acordarse."
Finalmente, especial mención a la dedicatoria del libro:

A LEON WERTH

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor puede comprender todo; hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona mayor fue en otro tiempo. Todas las personas mayores han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LEON WERTH

CUANDO ERA NIÑO

Esta dedicatoria, antesala del relato, constituye una verdadera declaración de principios donde Saint-Exupery muestra magistralmente a través del lenguaje de los sentimientos, la nostalgia de los valores esenciales extraviados al contacto con el mundo de los adultos, con sus convenciones y formalidades, tan alejado del cristalino lenguaje del corazón y del contacto permanente con el alma de las cosas. Al mismo tiempo nos recuerda que en el fondo de cada adulto mora intacto, a menudo olvidado y muchas veces menospreciado por la presunción y la prepotencia, un niño, el niño que fuimos un día, conocedor y heredero legítimo del inconfundible aroma de la Verdad.

Manuel J. Moreno