Conceptos fundamentales acerca de la energía en la
Psicología Analítica


Dr. Néstor E. Costa 

Debemos señalar que esta temática, por lo demás de decisiva importancia para la teoría junguiana, hemos de abordarla con la intención de que sea comprendida no sólo por aquellos que hacen sus primeras armas en la misma, sino también para el gran público que, muchas veces ávido de conocimientos, se acerca a la lectura de obras que a prima facie pueden parecerle sumamente difíciles, es entonces cuando, lamentablemente, son dejadas de lado y pocas veces se vuelve a retonar a ellas.
Este escrito, por lo tanto, pretende salvar apenas un escollo y brindar algo que puede resultar de utilidad en el particular camino que propone una cosmovisión del alcance y profundidad de la que nos ocupa.
Para ello, nos basaremos sobre todo en los trabajos de Jung "Energética psíquica y esencia del sueño" y "Símbolos de transformación" y en menor medida, en el libro "Temas de psicología junguiana" de quien suscribe este artículo, sin embargo, creo que no está de más decir que lo aconsejable siempre es leer al propio Jung.

Como lo señala el pensador suizo, la expresión "energía psíquica" ya se encontraba como tal en autores como Schiller, von Grot y Lipps; este último al igual que Brentano, diferenció la energia psíquica de la física; Brentano, sostenía que el rasgo distintivo de lo psíquico era la intencionalidad, cosa que no pasaba en el mundo de la física. Sin embargo, es Lipps quien ha de introducir la diferencia entre "energía psíquica y fuerza psíquica".

Debemos entender como "fuerza psíquica" aquella condición previa para que se den los procesos psíquicos y al mismo tiempo lleguen a tener cierto grado de acción. La "energía psíquica" en cambio, "sería la posibilidad, implícita en los procesos mismos, de actualizar esa fuerza en sí" (Jung -"Energética psíquica y esencia del sueño" - pág. 26 - Edit. Paidós , Barcelona - Bs.As. 1982).

Esta diferenciación entre fuerza y energía es indispensable conceptualmente ya que la energía, en la experiencia, se nos presenta como movimiento y fuerza cuando es actual, o como situación o condición, cuando es potencial. Este es un criterio sumamente adecuado para entender que cuando Jung habla de movimiento, no sólo se refiere al que pueda manifestarse físicamente, sino también a los afectos y a las emociones, recordemos que el término "emoción" proviene de "moción", o sea, movimiento que, en ciertos casos aluden, no sólo a lo que se muestra, sino también aquello que no aparece como expresión externa pero que sí se halla en el mundo interno de un sujeto. El sufrimiento, por ejemplo, puede tener dos vertientes: una externa (llanto, expresiones de dolor etc.) y otra no visible (angustia, pena etc. que pueden discurrir, incluso, muy silenciosamente y absolutamente desconocidos para un observador externo).

Cuando la energía psíquica es actual, nos ha de decir Jung que se manifiesta en fenómenos dinámicos como el deseo, la voluntad, la atención; cuando es potencial, la energía se presenta como disposiciones, capacidades, habilidades. Veamos un ejemplo: un sueño produce cierto tipo de imágenes, las mismas son expresión de la situación actual del inconsciente del soñante, ahora bien, supongamos que dicho sueño sea anticipatorio, dichas imágenes en cuanto material simbólico se hallan en forma potencial , esos hechos aún no son, cuando el suceso o la situación que anticipó el material onírico se presentifique en la realidad, esa misma energía que estaba actuando a nivel de lo inconsciente se actualiza. Lo mismo podemos decir de una psicosis latente, está en potencia, cuando sobreviene el brote, la energía que se encontraba como encapsulada se libera, se actualiza.

Un rasgo distintivo de la teoría junguiana de la energía ,es que la misma debe ser considerada como un concepto cuantitativo, a diferencia de otras postulaciones en las que la energía es más bien un concepto cualitativo.

Jung, nunca fue ajeno a las dificultades que presenta una fina delimitación entre lo psíquico y lo biológico. Sin embargo, nunca dejó de considerar al primero como un proceso vital, o como parte de un proceso vital.

El término libido, de tanta connotación dentro del campo de la psicología, ha sido un vocablo utilizado por Jung como equivalente al de energía psíquica; otra diferenciación importante, por ejemplo, es con el Psicoanálisis, dado que para éste la libido es energía sexual. Por lo tanto, es indistinto si usamos libido o energía psíquica, estamos aludiendo a lo mismo. Al intentar alcanzar una teoría psicológica general, consideró que reducir la energía a lo sexual ofrece un marco demasiado estrecho para la comprensión de los fenómenos psíquicos.

Llegados a este punto, es necesario señalar que para el psicoanálisis la sexualidad no es sólo genitalidad, sino que debe entenderse bajo un contexto que incluye un cierto grado de extensión en cuanto concepto, pero que es propio y exclusivo de dicha teoría. Sin embargo, y a pesar de frecuentes aclaraciones, podría objetársele que el peso histórico y lingüístico del término (sexual) aprisionan su significado y lo tornan, incluso por su uso frecuente y vulgar,en aquello mismo a lo que nos remite la propia palabra.

Jung, jamás dejó de reconocer que fue Freud el primero en usar el vocablo libido y darle la connotación ya señalada. Pero en lo que hace a la Psicología Analítica, la forma de utilizarlo y de aplicarlo es sólo en el nivel de lo representativo, sin intentar ajustarse a una definición. Aclaremos que lo representativo implica: deseos, instintos, afectos, amor, odio, agresión, voluntad etc., y por supuesto también la sexualidad. O si se prefiere: debe considerarse energéticamente todo anhelo o impulso en general, o sea, todo lo que pueda entenderse como instinto. Estas consideraciones hacen que la libido como concepto se amplíe al de intencionalidad en general .

Pero, retomemos nuevamente el término energía, debe quedar claro que hay una energía vital, que es la que se encuentra en todos los seres animados, la energía psíquica sería una parte de esa energía vital. Si nos proponemos considerar energéticamente los procesos psíquicos, debemos demostrar su posibilidad de aplicación empírica. Para ello, Jung, recurrió a conceptos de la física como la ley de la conservación de la energía ( recordemos que la energía no se pierde, se transforma),también nos dirá que debemos diferenciar, tomados de la disciplina mencionada y directamente relacionados con la conservación de la energía- dos principios: el de equivalencia y el de constancia .

Veamos qué nos dicen dichos principios: el primero que: "para cada energía que se aplica y se consume en la producción de un estado, aparece en otra parte un "quantum" (cantidad) igual de la misma o de otra forma de energía". En cambio, el segundo, establece que : "la cantidad total de energía siempre permanece igual, sin aumentar ni disminuir". Este último principio como podrá observarse, es generalizante del primero. En realidad, para la Psicología Analítica, es el principio de equivalencia el que ha de interesar, dado que es a partir del mismo que pueden explicarse ciertos procesos evolutivos y de desarrollo.

Pero a esta visión que Jung nos da acerca de la energía, todavía le falta un término para ser completa: la energía es también finalista; pero, por ahora, y para una mejor comprensión, dejaremos para un poco más adelante el tema de la finalidad (libido).

Frente a este desarrollo hay algo que debe quedar en claro, por todos los medios Jung intenta escapar a la trampa que pueda brindar un esquema de tipo rígido o mencanicista; en otras palabras,no reducir diversas formaciones psíquicas a una sóla temática, que por definición, siempre ha de resultar simplificante, es demasiado complejo el psiquismo para ser explicado desde un sólo punto de vista, entonces, nada mejor que un ejemplo para ver cómo funciona este proceso.

Para ello tomaremos uno que nos brinda el propio Jung y que por razones obvias reduciremos y verteremos con nuestras propias palabras: partiendo de la base que el psiquismo y su correspondiente fenomenología, no se dejan atrapar fácilmente y que, como recién sostuvimos, todo reduccionismo es siempre no sólo atomizante sino hasta peligroso - nos podríamos preguntar ¿qué pasa con un contenido creativo que se encuentra en lo inconsciente y cuya posibilidad de acceder a la conciencia sea difícil y que a su vez posea un alto valor energético?. ¿ Es necesario pensarlo como "reprimido"? - no se descarta esta opción - pero, ¿ no podríamos también contemplar la posibilidad que al ser nuevo y creativo puede permanecer largos períodos absolutamente inconsciente - incluso, a pesar de una posición favorable de la conciencia, sin necesidad de considerárselo reprimido?.(Jung - Ibídem -pág. 22 y 23 nota a pie).

Podría suceder que el carácter extraño o nuevo del contenido, y precisamente por ello, extraño a la conciencia, en donde aún no existen asociaciones y vinculaciones con dicho contenido, haya sido el causante de su inaccesibilidad, y no solamente la existencia de una posible represión.

Otras consideraciones nos llevan a señalar, como afirma Jung, que la energía (libido) no sólo opera como factor de intensidad, sino también como factor de extensidad. La cantidad o factor de extensidad de la energía ( es decir, su dinamismo), es inseparable de determinada formación y no puede ser transferido a otra sin transferir al mismo tiempo partes de esa formación. En cambio, el factor de intensidad puede pasar de una formación psicológica a otra.

Estaríamos tentados a hablar del concepto de "sublimación" y el de "transformación", y bueno no podemos ceder ante la tentación y algo, aunque sea de paso, vamos a decir. Tanto uno como otro se refieren a factores dinámicos de la energía; la diferencia estriba en que el primero, dado el principio de "reducción a la causa" (basado en el principio de causa-efecto), se sostiene en el tema de la sexualidad, por lo tanto, toda conflictiva cuando logra tener metas socialmente aceptadas- se "sublima"(como sucede en la concepción psicoanalítica), en otras palabras, es como si se ascendiera y se descendiera por una misma y sola escalera, la libido va y viene por un solo andarivel.

En cambio, el concepto de "transformación" que va ligado indisolublemente también al de energía, implica, que si bien una formación psicológica opera con el principio de extensidad y al comienzo "transfiere" partes de la primaria formación original; en la medida en que la nueva cobra entidad por sí misma se "transforma" en otra cosa, ha generado una energía nueva y particular propia de esa formación, que poco o nada le debe a la original.

Tratemos de dar un ejemplo: un estadio de fútbol se realiza con arena, piedras, hierro etc., cada uno de estos componentes podrían ser considerados como diferentes "formaciones", una vez que se mezclan no dejan de poseer aquellos elementos iniciales, pero una vez que cobran sentido como "estadio de fútbol", esta nueva formación poco le debe en cuanto funcionalismo a sus elementos originales, es decir, si lo llevamos al plano psicológico es una nueva formación absolutamente distinta a aquella de la que proveniera en sus orígenes, porta su propia y nueva energía. Por lo tanto,el concepto de transformación de la energía, lleva implícita la idea de la evolución finalista.

La idea de desarrollo exige la posibilidad del cambio teóricamente ilimitado, como por ejemplo, sucede hoy en día con la técnica. Ha de decirnos Jung, que es esta la importantísima razón por la cual, tanto los causalistas como los finalistas se esfuercen por sustentar la validez objetiva de sus respectivos principios, dado que son, al mismo tiempo, los que rigen sus respectivas actitudes ante la vida y el universo (Jung - Ibídem -pág. 34).

Como vemos, la teoría evolucionista está implícita. El enfoque finalista que el hombre ha creado, junto con el causalista, como decía Jung, explicarían el desarrollo psíquico y su evolución. Por eso la concepción finalista concibe las causas como medios para un fin, y han de ser los símbolos los que ocupen el lugar de los hechos.

Cuando los conflictos se conciben solamente apuntando a las causas se corre el riesgo, a veces, que las mismas sigan actuando permanentemente, quedando la libido(energía) aferrada a ellas e impidiendo la evolución. La transformación en cambio, implica que las causas se conviertan en expresiones simbólicas de un camino a recorrer. "Con ello desaparece el significado exclusivista de la causa, es decir, su valor energético, para reaparecer en el símbolo, cuya fuerza de atracción representa el correspondiente quantum de libido" (Jung - Ibídem -pág. 35). De ahí la frase de Jung: lo que es un hecho para la concepción causalista, es un símbolo para la finalista.

Es bueno recordar, que la actividad simbólica cubre y descubre, al mismo tiempo, un conjunto de significados que hasta ese momento, psicológicamente hablando, podrían haberse considerado únicamente como obstáculos, represiones o resistencias propias de lo inconsciente.

Otro postulado, complementario del de equivalencia lo constituye el pricipio de entropía . El mismo responde al criterio de que el psiquismo funciona como un sistema relativamente cerrado. Puede observarse en aquellas personas cuyas creencias son permanentes y relativamente inmutables; la posibilidad de cambiarlas traéles aparejadas en el primer momento, fuertes fluctuaciones energéticas; comienzan las contradicciones, que es el inicio de las compensaciones hasta que logran un cierto equilibrio psíquico. Por eso, una actitud mental surgida de fuertes tensiones de energía sea particularmente estable. Cuando se superan grandes complejos psíquicos, donde generalmente hubo concentraciones importantes de energía, se suele generar en los sujetos que las sufrieron, un aumento de su seguridad personal; por lo contrario, si la energía constelizada en el conflicto aumentó, sin posibilidad de ser contenida, es factible que ejerza influencia negativa sobre la personalidad, aumentando en quien la sufre su inseguridad.

Al decir entonces que el psiquismo opera como un sistema relativamente cerrado, estamos en condiciones de entender como funciona la energía, por ejemplo, en ciertos trastornos mentales graves como la esquizofrenia o la manía; pero también, en los procesos voluntariamente dirigidos como el pensamiento y el sentimiento.

Es interesante lo que Jung dice acerca de un principio que completa, por así decirlo, al de entropía, que es el de exclusión de lo inconveniente, frecuente y fácil de observar también en la vida diaria, donde solemos sufrirlo a menudo: aquellos que se aferran a una idea o sentimiento sin permitir la intromisión desde afuera de nada que lo aparte del sentido elegido o de sus propias, únicas y "verdaderas convicciones"; de aquí provienen los llamados "prejuicios"o "las formas acostumbradas de pensar", los fanatismos políticos, las pasiones teóricas etc. (Cfr- Costa, N. - "Temas de psicología junguiana" - Edti. C.E.A., Bs. As. 1995 ).

Como sostiene Jung, la tenacidad de tales formaciones se observa cuando uno intenta cambiarlas; en la historia de los pueblos esas modificaciones han costado torrentes de sangre.

Ahora bien, como es en su origen esta libido ?- diríamos que en sus comienzos es un apetito en su estado natural, la esencia de la misma son las necesidades corporales como el hambre, la sed, el sueño, los estados emocionales primarios. (mediatizados por el ritmo, por ejemplo: mamar y que en última instancia han de ser y son la expresión de procesos emocionales). Un segundo período caracterizado por movimientos rítmicos más generalizados y que coinciden en general, con la época del desarrollo espiritual y verbal (de uno a cuatro años), al que Jung propone llamar "fase presexual". Por último, la libido ya liberada en parte de sus ataduras a las necesidades básicas, genera en su evolución posibilidades de aplicación para ser transferida, en forma de valor de energía, a cualquier sector: trabajo, sexualidad, poder, política, religión etc. sin ser nunca algo específico, sustancial.

Por último, digamos que hay dos movimientos libidinales (enrgéticos) sumamente importantes desde el punto de vista psicológico: el de progresión, que puede definirse como el avance del proceso de adaptación psicológica; éste requiere dos pasos, aunque aclaremos que la adaptación nunca llega a completarse totalmente: 1) el establecimiento de cierta actitud frente a la realidad, dado que la misma impone cambios, estos cambios implican lo que se conoce como adaptación ; 2) actitud y adaptación deben complementarse.

El otro movimiento libidinal es la regresión , cuando los fines de adaptación no poseen las valencias energéticas necesarias, la libido se estanca ( podría considerarse a nivel clínico como una advertencia de que algo no anda bien ) como las aguas de un río que encuentran detenido su cauce natural, luego lógicamente comienza el repliegue y los contenidos inconscientes con su carga energética específica comienzan a manifestarse en forma indirecta, incipiente, por ejemplo: en fantasías y sueños (Costa, N.- Ibídem - pág. 105 y ss.).

Si la regresión continúa, aumenta la energía de los contenidos que no fueron utilizados por el proceso de adaptación, los cuales son absolutamente inconscientes, "fango abisal", en palabras de Jung; sin embargo, no sólo pueden estar allí los llamados "aspectos irracionales" y repudiables, sino los gérmenes de nuevas posibilidades vitales. Por tanto, no siempre la regresión implica una situación patológica, a veces se "regresa" para activar imágenes cuya carga energética le permitan a un sujeto, "salir" para continuar con los aspectos progresivos libidinales.

La regresión es patológica, cuando hay un detenimiento en el tiempo en aspectos inútiles para la adaptación, se puede observar cuando un sujeto reactiva estados infantiles (pudiendo llegar hasta la fase rítmica y presexual) pero, si la regresión continúa, aparecerán elementos de una psicología absolutamente arcaica, productos mitológicos comparables a los de épocas muy lejanas de la humanidad, es decir, con manifestaciones de lo inconsciente colectivo ; lo que demuestra que las fases primitivas de la libido pueden ser reactivadas por estados regresivos profundos.(Cfr. Jung- "Símbolos de transformación"- Edit. Paidós, Bs. As. 1977).

Por otra parte, la acumulación de libido se caracteriza también por la disociación de los pares de contrarios. En el curso de la progresión de la libido, los pares de opuestos se han mantenido unidos, su acción sinérgica, como señala Jung, facilita el equilibrio del proceso psicológico, que, como todo proceso posee antagonismos internos. Esta es la razón, por la que toda extravagancia o exageración se considere como falta de equilibrio, por faltarle la acción coordinadora del impulso antagónico.

"Por consiguiente, siempre la progresión de la libido lleva implícita en su esencia la interacción uniforme y equilibrada del impulso y de su antagonista, del "sí "y del "no". (Jung - "Energética...).

Notable este aporte de Jung, que nos habla no ya de los tradicionales pares de opuestos como pueden ser el bien y el mal, el sadismo y el masoquismo o tantos otros., de los cuales también habla, sino que destaca dos que son tan obvios, pero que al mismo tiempo acarrean importantes problemas; son muchas las personas que a veces no pueden decir un "no" a algo, y otras que dudan o tiemblan frente a la posibilidad de un "sí".

Esta compensación y unión de los pares antagónicos se comprueba, por ejemplo, en un proceso reflexivo ante una toma de decisión importante. Pero, en un proceso de "acumulación de libido", cuando queda impedida la progresión y el "sí" y el "no" ya no pueden unirse, comienza a ascender el valor de las posiciones antagónicas; esto crea tensiones que llevan al conflicto; el conflicto conduce a intentos de represión mutua y si fracasa la represión de la parte contraria se produce lo que se denomina "disociación"; entonces, junto con la eclosión del conflicto comienza también el proceso de la regresión.

Jung, nos alerta acerca de cierta confusión que pueden originar los conceptos que venimos trabajando, cuando por ejemplo, sostiene que la progresión libidinal no debe confundirse con la evolución.

El constante flujo de la vida no necesariamente significa desarrollo progresivo y diferencial. La vida psíquica humana puede ser progresiva sin evolución y regresiva sin involución.

La progresión y la regresión pueden relacionarse, a su vez, con la extraversión y la introversión de la libido, de lo que se deduce que el movimiento libidinal no sólo es hacia adelante y hacia atrás, sino también hacia afuera y hacia adentro.

Dr. Néstor E. Costa