Comentario al libro Tipos Psicológicos Junguianos, de Daryl Sharp
Revista Terapia Psicologica, nº 38, 2002

por Marco Antonio Recuero 


RESEÑA/COMENTARIO
Libro: TIPOS PSICOLOGICOS JUNGIANOS
Autor: Daryl Sharp
Editorial: Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 2002.
Traductor: Renato Valenzuela.

Hace ya algunos meses la editorial Cuatro Vientos ha vuelto a publicar un texto de la autoría de Daryl Sharp, su autor jungiano favorito, tal como indican en la publicidad. Esta vez se trata de Tipos Psicológicos Jungianos, un libro que ya lleva muchos años publicado en inglés, su lengua original, y que ha tenido una muy buena acogida en el mundo lector y comprador angloparlante.

Se trata de una obra que, en lo substancial, hace una breve presentación de los aspectos centrales del clásico texto de Carl G. Jung Tipos Psicológicos, en un lenguaje muy accesible pero sin traicionar su complejidad. Evidentemente, aquélla es de una extensión y profundidad muy superior, puesto que hace un rastreo histórico y cultural amplísimo para darle fundamentación a sus propuestas. La que aquí tenemos entre manos, es mas bien una síntesis ampliada de lo que en la otra viene a ser el capítulo X. No obstante, ésta es la parte que despierta mayor interés y la que ha tenido más divulgación. En ella se trata la clásica diferenciación entre las actitudes de extraversión e introversión y las cuatro funciones de la conciencia: sentimiento, pensamiento, sensación e intuición. La combinación de las dos actitudes con las cuatro funciones arroja los ocho tipos que propone Jung y de los cuales Sharp hace una buena explicación y ejemplificación.

En lo concreto, el trabajo de Sharp está organizado en cuatro capítulos y agrega dos apéndices. El primer capítulo es introductorio y reseña las bases del modelo. El segundo describe los cuatro tipos extravertidos y el tercero los cuatro introvertidos. El cuarto, muy importante, apunta al sentido de la tipología y a ciertas condiciones de su dinámica. El primer apéndice entrega orientaciones médicas (psicosomáticas) que relacionan algunas enfermedades con las dos actitudes, y el segundo es una ejemplificación -muy simpática- del comportamiento diferente de los ocho tipos ante una misma circunstancia.

De todas estas consideraciones, queremos detenernos especialmente en la que tiene que ver con el propósito de la tipología. De hecho, se la ha tendido a confundir con un sistema clasificatorio de la personalidad que permitiría encasillar a la gente en un molde para explicar y predecir su comportamiento. Nada más lejos de las intenciones de Jung. Como éste afirma en el preámbulo a la edición en castellano de su libro:

.... un número de lectores realmente excesivo ha caído en el error de ver en el capítulo X el contenido y designios esenciales de la obra, interpretados en el sentido de que en él está dado un esquema clasificador prácticamente útil para conocer a las gentes. Incluso en círculos médicos se ha difundido la especie de que mi método terapéutico consiste en clasificar a los pacientes según tal esquema y de acuerdo con él darles algunos “consejos”. Esta lamentable incomprensión olvida completamente el hecho de que semejantes clasificaciones no son otra cosa que pueriles juegos de sociedad, de tan menuda significación como la división delos hombres en braquicéfalos y dolicocéfalos. Mi división en tipos es más bien un aparato crítico destinado a depurar y ordenar un vasto material psicológico extraído de la experiencia, pero en modo alguno utilizable en el sentido de poner a los individuos su etiqueta singularmente y “prima vista”. Mi tipología no es un tratado fisonómico ni un esquema antropológico, sino una psicología crítica aplicada a la ordenación y demarcación como procesos típicamente aprensibles.


En realidad, y si quisiéramos sintetizar, lo que Jung busca con su propuesta son tres cosas:
Proporcionar un mapa que facilite una visión y líneas de actuación al psicoterapeuta que trabaja con una profusión de experiencias individuales casi caótica. Su propósito es pues, orientador.
Entregar una clave que ayude a la comprensión de las enormes diferencias entre los diversos enfoques psicológicos y psicoterapéuticos vigentes. Tiene por lo tanto un claro propósito epistemológico. De hecho, uno de los motivos que le llevó a postular los tipos fue la necesidad de comprender sus diferencias teóricas y de perspectivas con Freud, de quien se había separado pocos años antes. De este modo, Jung pensaba que Freud era extravertido y que él era introvertido, y que éste era uno de los motivos por el cual llegaban a conclusiones tan diferentes aunque partían de un material de casos bastante semejante.
Ayudar al autoconocimiento del terapeuta para que pueda tener mayor claridad acerca de su propio funcionamiento psicológico y de la forma en que éste puede afectar a sus pacientes. Específicamente, que pueda tener una idea bastante aproximada acerca de cuáles son sus funciones inferiores, las más inconscientes y, por lo tanto, las más fáciles de proyectar en los otros. Recuérdese, en este sentido, que Jung fue el primero que propició el “análisis didáctico”, aceptado luego por el Psicoanálisis y casi todas las corrientes “psicodinámicas”.

Obviamente que podría agregarse un cuarto propósito, cual es proporcionar una ayuda para la investigación científica que permita aumentar la comprensión de la variedad del comportamiento humano. Pero el énfasis no está puesto en la descripción de lo que el ser humano “es” sino en la diversidad de perspectivas que hay para intentar aprehenderlo. Por este motivo es que dentro del mundo jungiano se mira con cierta reticencia el uso actual que se da a tests tales como los de Myers-Briggs, Grey-Wheelwright y otros. De hecho, desde estas líneas quiero invitar con fuerza a quienes los utilizan a leer este libro de Sharp. Encontrarán en él una exposición clara y breve que se ajusta a la mirada original de Jung, la que les permitirá volver sobre su actividad con un enfoque renovado. Para los que sólo tienen un conocimiento superficial de la tipología jungiana, este libro también puede ser de ayuda en la línea de los tres propósitos que he explicado más arriba.

Una última observación. Nuestro idioma nos puede traicionar. En español se dice “sentir” cuando nos referimos a sentimientos y también cuando nos referimos a sensaciones. En la tipología se consideran estas dos funciones (el sentimiento y la sensación) por lo que hay que poner atención a las expresiones que podrían generar confusión o malentendidos. Ya hemos mencionado una (“sentir”), otra es “sensitivo”. Afortunadamente con “sensorial” y “sentimental” las cosas van más claras.

Marco Antonio Recuero
Doctor en Psicología.
Santiago, Abril del 2003.