Un caso diagnosticable a través de la Grafología Emocional


Manuel J. Moreno
Grafoanalista - Instituto de Grafología Analítica
 


Uno de los ejemplos de los que me he valido para ilustrar la instrucción sobre Grafología Emocional es el que, pensando en el interés que pudiera tener y en la elocuencia del ejemplo, les expongo a continuación con el ánimo siempre renovado de compartir.
La conjunción de elementos de juicio que aporta la valoración grafonómica clásica o general por una parte y los actos fallidos y las alteraciones caligráfico-emocionales por otra, constituyen una poderosa herramienta grafopsicológica de psicodiagnóstico.

En esta modalidad aplicada de la Grafología, la discriminación grafológica de especies asociadas a la significación semántica y/o simbólica de determinadas frases, palabras, letras, etc. es necesario ser muy cauteloso y huir de las interpretaciones ocurrentes sin fundamento. Podría resultar tentadoramente fácil caer en la manía interpretativa y querer o pretender darle un sentido a todo lo que nos parece diferente buscándole “tres pies al gato”.

El acto fallido o lapsus calami tiene lugar allí donde se produce un disonancia cognitiva entre lo que digo y lo que sé, entre la actitud consciente y la inconsciente. El acto fallido representa una incursión involuntaria, y a menudo inoportuna, del ánima (en los varones) y del animus (en las mujeres) en tanto que representación y portavoz arquetípico de la personalidad inconsciente.

El ejemplo que mostramos a continuación servirá para ilustrar este aspecto.


 

El ejemplo 1 trata de una postal dirigida por un joven recién incorporado al ejército en España, concretamente a la marina. Sus padres que vivían (y viven) en Asturias recibieron esta postal por correo ordinario. Su padre, a quien me unen vínculos de amistad, me dio la postal y quiso una opinión grafopsicológica del escribiente.

Un análisis grafonómico de este escrito, es decir del aspecto continente (para el cual no es necesario ni aún recomendable curiosear su contenido semántico) pone de manifiesto una escritura en mayúsculas (FORMA), en escalera descendente (imbricada descendente - DIRECCIÓN), una inclinación ambivalente (INCLINACIÓN), lenta (VELOCIDAD), desligada (CONTINUIDAD o COHESIÓN), aérea (espaciamiento excesivo entre líneas - ORDEN)... firma ilegible, impersonal y a la izquierda del escrito...

Las especies dominantes en esta postal son la dirección imbricada descendente de las líneas, que muestra fundamentalmente la lucha contra el desánimo y sobre todo contra el hecho de transparentarlo, la utilización de mayúsculas, que muestra una envoltura adicional de la personalidad y por tanto un enmascaramiento impermeable de las emociones y el espaciamiento entre líneas.

Naturalmente, esta escritura adolece de bajo formniveau, es disarmónica y con un dinamismo pobre e impedido en su progresión caligráfica.

Todo lo comentado da pie a una interpretación grafopsicológica que traduce un estado anímico de desaliento, decaimiento (dirección descendente) y una lucha consciente por no dejarse hundir en la depresión (imbricada descendente) y el mecanismo y empeño tipológico, y en este caso también circunstancial, de dificultar o impedir traslucir las verdaderas emociones (escritura habitualmente elaborada en mayúsculas)...

Ahora bien, más allá del análisis grafopsicológico del continente gráfico, desde un enfoque y perspectiva grafoemocional, esto es, estableciendo relaciones significativas continente-contenido, podemos apreciar un ingrediente extraordinario: todo el escrito está realizado con letras mayúsculas (de inclinación ambivalente e inestablemente ancladas en la línea que virtualmente sirve de asiento a la progresión del escrito y que constituye una representación simbólico-espacial del soporte anímico sobre el que discurren los procesos psicológicos), excepto la palabra “bien”.

Esta palabra ("bien") está escrita en minúsculas contrariando el contexto estructural y la forma (el formato) del escrito. Y es precisamente en este punto clave del escrito donde resulta reconocible y diagnosticable el acto fallido o lapsus calami (equivalente al lapsus linguae). De la misma manera que cuando queremos resaltar algo lo ponemos en MAYÚSCULAS, en este caso, el uso repentino y presumiblemente involuntario (inconsciente) de las minúsculas supone una subvaloración o degradación del contenido o aspecto semántico de dicha palabra en relación al contexto sintáctico en el que se halla inmersa.

En este acto fallido, la realidad psicológica y anímica del escribiente (el hecho de que estaba muy afectado, deprimido) se hace patente y reivindicativa a través del síntoma, en este caso el lapsus linguae, decir “bien” allí donde, siguiendo la coherencia del verdadero y legítimo estado de ánimo, debería decir “MAL”). La oposición inconsciente al mantenimiento de la impostura es una manifestación arquetípica del ánima (o del animus en su caso) cuya función trascendente es crucial para el desarrollo de la individuación (ver capítulo 3 de “El hombre y sus símbolos” de C. G. Jung a cargo de M. L. von Franz - ed. Paidós).

Efectivamente, tal y como me confirmó su padre, el muchacho estaba atravesando un crisis depresiva de la cual le resultaba vergonzoso hablar.

"El sentido y el espíritu son instrumento y juguete; tras ellos está también el sí mismo. El sí mismo mira también a través de los ojos de los sentidos, y escucha también con los oídos del espíritu. El sí mismo está constantemente mirando y escuchando: compara, domina, conquista, destruye. Domina incluso al propio yo. Detrás de tus pensamientos y de tus sentimientos. hermano, hay un amo poderoso, un sabio desconocido, que se llama sí mismo. Habita en tu cuerpo; es tu cuerpo. Hay en tu cuerpo más razón que en tu más profunda sabiduría (...) Tu sí mismo se burla de tu yo y de sus orgullosos saltos. Se dice: <¿de qué me valen esos saltos y esos vuelos del pensamiento? No son más que rodeos que conducen hacia mi meta. Yo soy las muletas del yo, y quien le apunta sus conceptos>. El sí mismo le dice al yo: ¡Experimenta dolor aquí! Y entonces el yo sufre y considera de qué modo puede poner fin a su sufrimiento. Para eso precisamente ha de pensar. El sí mismo le dice al yo: <¡Experimenta placer aquí!> Y entonces el yo disfruta y considera de qué modo puede seguir gozando. Para eso precisamente ha de pensar..." Friedrich Nietzsche ("Así habló Zaratustra")

Manuel J. Moreno
Grafoanalista - Instituto de Grafología Analítica
Profesor colaborador en la Especialidad de Peritaje Grafopsicológico de la Universidad Autónoma de Barcelona
http://perso.wanadoo.es/grafoanalisis