La escritura, una ventana a la frondosidad de lo inconsciente


por Manuel J. Moreno Grafoanalista - Perito Calígrafo 


La escritura,una ventana a la frondosidad de lo inconsciente

"El destino es el carácter de nuestra persona proyectado en el tiempo como transcurso de nuestra vida, como nuestra biografía. El que aprende a ver su propia proyección, el que de esta manera aprende a verse a sí mismo, sienta con ello las bases para aprender a dominar su propio destino y dar a la sucesión, aparentemente obligada de sus acontecimientos, es decir, al curso de su vida, la dirección creadora propia"

Max Pulver. ‘Persona, carácter, destino’


Conocerse a sí mismo, como rezan los cánones de la sabiduría tradicional, es ante todo encontrarse frontal y verazmente con nuestro ser primigenio, con el hombre arcaico que llevamos dentro (o que nos lleva dentro), en las entrañas del alma palpitante, holísticamente ensamblada en el entramado multiforme de la vida. Un ensamblaje cuya deficitaria función enferma el ánimo y marchita el corazón.

Este conocimiento inquietante al que especialmente algunos están invitados, es la experiencia de vivenciar la vida, la exhuberancia de un universo que nos desborda por doquier, un universo del que formamos parte, y que intrínsecamente somos.

La humana especialización filogenética alcanzada a través de los parámetros de la razón y sus extraordinarias e innegables conquistas, el hombre instruido y consciente que domina el mundo a través de la cultura y sus armas, el conocimiento del entorno social y sus directrices, no garantiza en modo alguno la plenitud, únicamente alcanzada a través del alineamiento del hombre racional, de la consciencia y sus mecanismos cognitivos con el inconsciente profundo, con el hombre arcaico que precede nuestro desarrollo y lo acompaña por siempre. "...todo hombre civilizado que, con independencia de la altura alcanzada por su conciencia, sigue siendo un hombre arcaico en las capas profundas de su psique" (C.G. Jung. ‘El hombre arcaico")

El lenguaje y su representación gráfica en la escritura, es una de las exquisiteces de un desarrollo cultural que, tengámoslo en cuenta, es lo que diferencia al hombre primitivo del hombre contemporáneo, igual de inteligente y de lógico que éste pero basado fundamentalmente en premisas y apriorismos culturales diferentes. "En rigor, el primitivo no es más ni menos lógico que nosotros. Lo único que ocurre es que sus premisas son otras" (C.G. Jung. ‘El hombre arcaico’)

Si observamos detenidamente la escritura manuscrita en un idioma desconocido, caeremos en la cuenta de que constituye un enjambre de signos espacialmente continentes de una vida desconocida, extraña, inescrutable... Cuando estos signos manuscritos se nos presentan en un idioma familiar, aprendido a través del desarrollo formativo de nuestra personalidad cultural, todo se vuelve diáfano, cercano, se ha hecho la luz y las imágenes y sentimientos que nos habitan comienzan a ser blanco de los mensajes transmitidos a través de las palabras.

Ahora bien, tras la frontera de los sistemas idiomáticos, subyace un lenguaje arcaico, primordial, universal o arquetípico, es el lenguaje de los símbolos, la manifestación de nuestra naturaleza e idiosincrasia individual y colectiva exportada o proyectada a través de nuestros gestos. Y es que la motricidad fina interviniente en la confección de la escritura manuscrita o autógrafa es exactamente eso lo que posibilita, construir formas y modelos (los caligráficos) mediante un ritmo gestual, mímico y simbólico, exteriorización directísima de las estructuras y procesos de nuestra interioridad.

Quien escribe, muestra involuntaria e inocentemente su personalidad, energía temperamental, estado anímico, perspectivas existenciales, modos de conducta, actitud vital, perturbaciones y patologías,... etc., en un claroscuro que retrata su totalidad, tanto aquella que pretende ofertar al mundo como aquella que le subyace a la sombra de su identidad.

La escritura alberga, por tanto, un doble lenguaje, aquel que es fruto de la convención idiomática y aquel otro que es expresión de la mismidad psicológica y anímica de su autor. El uno "un modelo general, abstracto, presente de manera colectiva en los cerebros de las personas que se comunican con el mismo código" estudiado por la Lengua, el otro, la diferenciación del significante, de la letra manuscrita acontecida en el peculiar modo de presionar el útil escritural, el ritmo y la velocidad con que se escribe, la forma que adquieren letras y enlaces entre las mismas (combinaciones entre ángulos y curvas, entre otros), el orden espacial que estructura márgenes, espacio entre palabras y letras, las dimensiones del trazado (ancho y alto de las letras), el grado de personalización o evolución gráfica del escribiente, la armonía o su ausencia en el conjunto gráfico, las mil y un originalidades de una firma, importantísima autodefinición sociológica con valor jurídico absoluto, los trazos iniciales y finales de las palabras, y un larguísimo etcétera que constituye el objeto de estudio de la Grafología o Grafopsicología, que no es otra cosa que la psicología de la escritura.

Se define, por tanto, la Grafología, como el estudio del carácter y circunstancia anímica de un sujeto a través de la simbolización y características gestuales de su escritura. Esta disciplina tiene la ventaja de tratar con gestos inscritos, con valor póstumo, lo que posibilita el estudio de la personalidad sin necesidad de la presencia física de la persona en cuestión. "Cuando se trata de los estudios grafológicos, se experimenta una agradable sorpresa. Los grafólogos tienen entre las manos un admirable instrumento de fijación y poseen extraordinarias ventajas en sus procedimientos de investigación: estudian un acto que al mismo tiempo que se realiza, registra por sí mismo su propio gráfico. En tanto que un psicólogo toma el cilindro de Marey para registrar un reflejo, el grafólogo tiene la escritura que registra la acción. La escritura es un gráfico, la fijación de un acto que se produce en el individuo, y se tiene en ella, en consecuencia, un admirable film obtenido sin trabajo y que representa un documento de más en más precioso para el porvenir". (Pierre Janet)

Lo más importante al abordar grafoanalíticamente una escritura es no perder de vista la perspectiva de que estamos frente a un Todo, frente a un conjunto que es algo más, cualitativamente hablando, que la suma de sus partes (holismo), una totalidad que ha sido producida por un individuo, precisamente por un entramado psicofísico unitario. Por tanto, es esencial y muy importante no interpretar aisladamente los signos grafológicos (como hacen algunos seudografólogos) sino en relación con la atmósfera gráfica del conjunto escritural en que se nos presentan.

Uno de los parámetros gráficos más evidentes que nos pone en relación inmediata con el estado de ánimo del escribiente es la dirección de las líneas. Se trata de un movimiento primario que lleva la escritura, es decir, el pensamiento y las emociones "hacia arriba" o "hacia abajo". La incapacidad de sostener la horizontalidad de la línea escritural equivale a un ánimo que no encuentra sostén y que cae o decae. El desaliento, la fatiga, la depresión, la debilidad encuentran su expresión gráfica más elemental en este signo que hace las líneas descendentes y/o sinuosas, especialmente si esto ocurre en la firma, lo que nos indica que el desaliento y el sentimiento de derrota ha calado hondo y se ha convertido en un proceso interno, en una vivencia profunda.

De la misma manera, la dirección ascendente de las líneas, cuando es moderada apunta a un ánimo exaltable, un sujeto que se entusiasma con facilidad, que aborda los obstáculos con confianza y visión positiva.

Estos movimientos primarios "hacia arriba", "hacia abajo", son categorías de expresión de las que también participan los animales y en general la mímica corporal humana como expresión de los estados de ánimo. Así el individuo desanimado muestra los hombros y la espalda caída hacia delante, la mirada está también "pesada" para sostenerla y se muestra caída; el simbolismo espacial como concepción apriorística contenida en el lenguaje nos sitúa frente a un infierno "abajo" y un cielo "arriba", un éxito para el que "sube" y un fracaso para el que "baja", unos "altos ideales" y unas "bajas pasiones", una clase "alta" y una clase "baja". Estas categorías no nos vienen impuestas por la cultura gratuitamente sino que en su origen provienen de representaciones colectivas inconscientes (Lévy-Bruhl). Ania Teillard en "el Alma y la escritura", nos recuerda que "La idea de abajo está llena de representaciones peyorativas o maléficas (un hombre caído bien bajo), de signos de pesimismo, de fatiga, de depresión nerviosa, de decadencia, de caída, de vicio y de crimen (los bajos fondos de la humanidad). La profundidad tiene todavía otro sentido: se habla de un alma profunda, de un espíritu profundo, de un sentimiento profundo. Un descenso a las profundidades puede significar un descenso en su propio inconsciente. Los tesoros ocultos de las leyendas se encuentran en las profundidades de la tierra o del mar.

De acuerdo a Bachofen, la tierra, seno maternal, está inseparablemente unida a todo lo que es procreación y sexualidad. Para los antiguos, el acto de labrar la tierra y de sembrar se identificaba con el acto sexual. Es, por lo tanto muy natural que un movimiento hacia abajo simbolice no solamente una tendencia hacia la materia, sino tendencias instintivas, pulsiones sexuales"

De la influencia que Bachofen ejerció sobre Jung, dice el propio Jung: "Él influyó sobre mi comprensión de la naturaleza de los símbolos" (pág. 217 – Encuentros con Jung. Ed. Trotta)

Hay tres aspectos básicos que valorar inicialmente (antes del análisis pormenorizado) frente a una escritura: el grado de singularización de la misma (Formniveau), la velocidad con la que se ha ejecutado el grafismo (también el ritmo) y el criterio de armonía que se deriva de sus partes integrantes.

Cuanta mayor diferenciación existe entre la propia escritura y el modelo caligráfico aprendido, mayor es el grado de desarrollo de la personalidad en un sentido individuado, esto siempre y cuando exista suficiente soltura gráfica y en absoluto aplicable en personas con cultura gráfica insuficiente en cuyo caso aparecerá una escritura inorganizada no interpretable grafológicamente. Son muy favorables las personalizaciones escriturales que siguen un criterio de simplificación, formas y enlaces personales sin afectar excesiva y definitivamente la legibilidad, etc. Es muy importante, asimismo, que el escrito muestre una realización vivaz, rápida o al menos pausada y con un ritmo sostenido que manifieste cierta irregularidad; ello nos hablará de espontaneidad y veracidad, de vivacidad en las reacciones y de una inteligencia despierta. Las escrituras lentas, monótonas y excesivamente formalistas paralizan la energía y muestran signos de mediocridad y un excesivo convencionalismo. La enfermedad y el agotamiento hacen morbosamente lenta la escritura, pero ésta presentará temblores en sus trazos, reenganches y en general signos de falta de cohesión precisamente como consecuencia de un debilitamiento energético y/o anímico.

La Armonía se desprende del acuerdo entre las partes que integran un escrito. Contra esta valoración contextual hablan las desproporciones, los ornamentos y complicaciones, como por ejemplo los enroscamientos y las formas rocambolescas, los rasgos excéntricos y de rebuscada originalidad (falsa originalidad); también las líneas que se entremezclan (escritura confusa), la ausencia de márgenes, etc.

Todos estos criterios mostrarán al grafólogo o Grafoanalista si está ante un contexto gráfico favorable o desfavorable, positivo o negativo.

¿Qué es lo que un Grafólogo puede ver a través de la escritura? La escritura exterioriza si un sujeto es introvertido o extravertido, si predomina la función pensamiento o sentimiento, intuición o sensación, si es muy comunicativo o es más bien callado y/o inhibido, si busca el contacto con los demás y si lo hace de una manera dulce, afectuosa o es irritable, agresivo, muestra asimismo las ambiciones y la transparencia de la conducta, la fiabilidad, la capacidad de organización, la inteligencia, el temperamento, el dinamismo de la sexualidad, la naturaleza de las relaciones que la persona mantiene consigo misma, si presenta signos de neurosis o perturbaciones psicológicas, si dispone de energía y vitalidad o está débil y/o enferma, si es autoritaria o sumisa, si es tenaz o le cuesta ponerse en marcha,... y un muy largo etcétera, es decir que un escrito ilumina verdaderamente a la persona misma en acción, tal y como si estuviésemos viendo secuenciadamente a un individuo actuar, lo que dice, cómo lo dice, lo que hace y como lo hace y pudiésemos aventurar hipótesis sobre su personalidad, hipótesis que en Grafología están precedidas por muchas décadas de estudio sistemático.

La Grafología ha contado históricamente con el interés en mayor o menor medida implicado de pensadores de gran relieve, Leibnitz, Goethe, Edgar A. Poe, Walter Scott, Baudelaire, C.G. Jung, Walter Scott, Alfred Binet, Pierre Janet, etc., aunque las observaciones que apuntaban a una correlación entre escritura y personalidad provienen de una época muy anterior, la de los Césares.

De los ocho parámetros gráficos que constituyen el abordaje grafoanalítico de una escritura: Orden, Tamaño (dimensiones), Forma, Velocidad, Presión, Inclinación, Dirección de las líneas, Continuidad o Cohesión, el primero (Orden) muestra la distribución de la masa gráfica en el espacio en blanco que constituye la página. Este espacio en blanco es una representación para el escribiente del mundo, del contexto social y personal en que se desenvuelve su vida, proyección de su mundo interior "la vida de una persona es característica de la Persona" (C.G. Jung); el Tamaño es una transposición simbólica de la imagen que la persona tiene de sí misma, sus necesidades de expansión, la subjetividad u objetividad de sus apreciaciones, etc.; la Forma es un índice del talante de la personalidad, de sus modos y maneras de conducirse ante los demás; la Velocidad es la expresión cinética de nuestra escritura, se determina merced a signos que correlacionan con distintos tipos de rapidez escritural y que sería largo de exponer aquí, baste decir a modo de apunte que la rapidez escritural es un signo de vivacidad intelectual, de espontaneidad y de actividad productiva; la Presión es manifestación directa y una somatización de la energética del escribiente, no sólo del soporte caracterológico sino también del estado vital. La enfermedad, el dolor, la vejez..., afectan notable y visiblemente la presión escritural. Naturalmente la presión escritural requiere la presencia de originales para su correcta evaluación. La Inclinación es la expresión gráfica de la actitud vital del individuo, su introversión o extraversión, muestra el predominio de la razón sobre los sentimientos o su viceversa, inhibiciones (en la escritura de inclinación invertida = izquierda), retracciones y otras causas que el conjunto de los signos del escrito nos ayudará a determinar. La Dirección de las líneas así como sus características (ascendente, descendente, ondulada, sinuosa, rígida, etc.) es un auténtico medidor del estado anímico del escribiente así como de su fortaleza yoica para enfrentar las dificultades y obstáculos cotidianos; y finalmente la Continuidad o Cohesión que alude a los modos de enlace y "relación" entre las letras, los trazos, el grafismo y los blancos de página, etc., nos "habla" del modo de procesar el pensamiento del escritor, el predominio de la deductiva lógica o de la intuición; también es un indicador gráfico de individualismo (escritura desligada o yuxtapuesta) o de sociabilidad y actitudes solidarias frente a los demás (escritura ligada), etc.

La Grafología Emocional, desarrollada fundamentalmente por C. Honroth en Argentina, centra sus investigaciones en cómo determinadas emociones alteran la fisonomía de las palabras asociadas a las mismas. Estas alteraciones en palabras que expresan ideas, situaciones o personas con una fuerte carga emocional asociada, "traicionan" las constantes gráficas del resto del escrito, por ejemplo si éste mantiene una inclinación a la derecha, éstas palabras se "retraen" mediante una inclinación invertida (a la izquierda), o bien, la palabra se nos muestra con una tamaño mayor o menor, según las emociones implicadas, que el resto el grafismo. Éstas reacciones gráficas inconscientes se denominan "lapsus calami" y son el equivalente en la escritura del "lapsus linguae" freudiano.

Socialmente la Grafología es utilizada en muy diversas áreas de aplicación, psicólogos y psiquiatras, maestros y pedagogos, abogados, empresarios, historiadores, policía y ejército y dentro de éstos cuerpos, especialmente por los servicios de inteligencia de todo el mundo; "Augusto Vels ya afirmaba que esta ciencia prestó grandes servicios en el estudio de los mandos enemigos en la Segunda Guerra mundial. (...) ...precisamente hace relativamente pocos años se filtró a la prensa escrita una descripción grafopsicológica de Sadam Hussein realizada por expertos grafólogos del Mossad antes de la Guerra del Golfo." (Mª Luz Puente. ‘La Grafología en los servicios de inteligencia’)

Hay que señalar asimismo que una de las ramas importantísimas de la Grafología como ciencia general del grafismo, está constituida por la Pericia Caligráfica Judicial (Grafología Forense). Esta especialidad se ocupa de la investigación del grafismo con fines de identificación de autoría allí donde existe un escrito, firma o grafismo en general incriminado como falsificación. Los Peritos Calígrafos auxilian al juez en todos los países del mundo mediante exhaustivos informes que muestran las características intrínsecas de un trazado gráfico que nos habla de autenticidad o falsedad según el caso.

La Pericia Caligráfica pretende determinar la autoría "material" de un grafismo y no las características psicológicas del autor del mismo, si bien, algunas expresiones típicas y acusadas en el grafismo objeto de estudio desde el punto de vista grafopsicológico sirven de indicio muy importante, por ejemplo cuando una firma está realizada bajo coacción o amenaza.

No obstante y más allá de la utilización profesional de la Grafología, ésta es una herramienta de observación especializada que nos acerca a un abismo de complejidades expresivas que no son otras que las del alma humana y nos ratifica en la idea de que nuestra verdadera identidad emerge incontestable de entre los bastidores de nuestra máscara social.

Manuel J. Moreno
Grafoanalista – Perito Calígrafo
http://perso.wanadoo.es/grafoanalisis

Presidente del Instituto de Grafología Analítica
Profesor colaborador de los cursos de especialización en Peritaje Grafopsicológico y Pericia Caligráfica Judicial de la Escuela de Doctorado y Formación continuada de la Universidad Autónoma de Barcelona (U.A.B.)

Autor del libro "Grafología Analítica. Introducción a la Grafopsicología"

Bibliografía:

"Escritura y personalidad" Augusto Vels – Ed. Herder

"Psicodiagnóstico por la escritura. Grafoanálisis transaccional" Francisco Viñals / Mª Luz Puente – Ed. Herder

"Pericia Caligráfica Judicial. Francisco Viñals / Mª Luz Puente

"Grafología Analítica. Introducción a la Grafopsicología" Manuel J. Moreno – Ed. Peñatú

"Psicología de la escritura" Jean-Charles Gille-Maisani

"El simbolismo de la escritura" Dr. Max Pulver –Ed. Victoriano Suárez

"Persona, Carácter, Destino" Dr. Max Pulver – Ed. Victoriano Suárez

"Grafología. Reacciones anímicas en el gesto grafoescritural" Curt A. Honroth – Ed. Troquel

"El alma y la escritura. Tratado de Grafología basado en la psicología analítica" Ania Treillard – Ed. Paraninfo

"Civilización en transición. Obra completa Vol. 10" C.G. Jung – Ed. Trotta

"Arquetipos e inconsciente colectivo" C.G. Jung – Ed. Paidós

"La psicología de la transferencia" C.G. Jung – Ed. Paidós