El Mito del Sentido en la obra de Carl Gustav Jung
Capitulo 6 "La Individuación"


Autora Aniela Jaffe – Editorial Mirach.


 
Imaginación Activa y Vida

El camino natural hacia la experiencia personal del inconsciente colectivo se abre mediante los sueños y, con menor frecuencia, las visiones, alucinaciones, fenómenos sincrónicos, etc. Además de estas manifestaciones espontáneas Jung, como ya se ha mencionado, introdujo en la práctica analítica otro método de hacer contacto voluntario con las capas más profundas del inconsciente. Es un tipo de introspección o meditación, basada en la actividad de la fantasía, que denominó imaginación activa'. La primera reacción a la propuesta de que la persona «imagine activamente» consiste por lo general en suspicacia y resistencia, lo que parece comprensible en vista de la obvia irracionalidad de dicho procedimiento. Sin embargo, para Jung todo consistía precisamente en el sin sentido de la actividad fantástica desenfrenada, en el elemento de juego que debe tomarse con toda seriedad, y cita a Schiller: «La actividad creativa de la imaginación libera al hombre de su vínculo con el «nada más que» y lo eleva a la categoría del que juega. Como dice Schiller, el hombre es completamente humano sólo cuando juega».

La frecuente objeción acerca de que las supuestas «fantasías» son pensadas conscientemente, que por tanto las imágenes no provienen de ningún modo del inconsciente, carece de sustento.

Es verdad que existe cierto grado de «ilusión», que no es producto del inconsciente sino que está dispuesto por el ego.

Las ilusiones son fantasías manipuladas y su naturaleza falsa puede distinguirse fácilmente a partir de la ausencia de motivos arquetípicos e imágenes númines. Asimismo, falta el elemento de sorpresa, así como cualquier cosa que pueda sentirse como atemorizante o perturbadora. La imaginación genuina está inspirada por el inconsciente; el ego se enfrenta a las imágenes como si fueran la realidad, no sólo con una percepción pasiva, sino participando activamente en su juego v llegando a un acuerdo con ellas. Las imágenes son automanifestaciones de la psique y por tanto pueden considerarse fragmentos de aquellos sueños diurnos soñados por debajo del umbral de la conciencia, pero que ésta no percibe debido a su preocupación con los procesos del mundo exterior.

El objetivo de la imaginación activa es encontrar una posición intermedia entre consciente e inconsciente, pues poseee «una cualidad de opuestos combinados». Jung también habló de una «función trascendental de los opuestos». Una precondición del éxito de la imaginación activa es que no debería ser un pretexto para escapar de la vida. «Las fantasías no constituyen un sustituto de la vida; son los frutos del espíritu que le son regaladas al que paga su tributo a la vida. El que evade el deber no siente nada más que su propio miedo mórbido y no tiene para él sentido alguno».

No es posible decidir con certeza si la conciencia predomina sobre el inconsciente en la imaginación activa, o si el inconsciente lo hace sobre la conciencia. Es por ello que Jung le otorgaba el papel dominante ora a uno, ora al otro. «Al ponerse de acuerdo con el inconsciente... el ego toma la delantera, pero el inconsciente debe tener su lugar también: audiatur et altera pars». Debe compararse esta afirmación de los comienzos con una que surgió más adelante: «El árbitro final del patrón es un impulso obscuro, un inconsciente que se pecipita a priori en una forma plástica... Todo el procedimiento parece estar dominado por un sutil conocimiento previo no sólo del patrón, sino de su sentido»’. En definitiva es una interacción entre consciente e inconsciente, donde con frecuencia el líder se convierte en el que es liderado y viceversa. Aunque Jung y sus pacientes utilizaron este método de imaginación activa durante muchos años, pasó mucho tiempo antes de que él fuera capaz de discernir una ley y un sentido en la variedad de complicados patrones y configuraciones que éstos producían, ya fuera «en forma de danza, pintura, dibujos o modelado». Sólo gradualmente descubrió que «estaba siendo testigo de la manifestación espontánea de un proceso inconsciente que era apenas ayudado por la habilidad técnica del paciente y al que más tarde bauticé como «proceso de individuación»‘. En la imaginación activa el proceso, como en los sueños y otras manifestaciones del inconsciente, se presenta en una sucesión de imágenes, de tal manera que al menos en parte puede ser percibido por la mente consciente. Al referirse a «un a priori inconsciente», «un sutil conocimiento previo» que reina sobre todo el procedimiento, Jung alude al arquetipo del sí-mismo, que es la fuerza motora detrás de la formación de imágenes y que dispone los acontecimientos inconscientes. Gracias a él, la fantasía por lo general no se sale de sus carriles, aunque sorprendentemente siempre llega a destino, a pesar de que el que fantasea pueda tener la sensación de estar «totalmente expuesto a los antojos caprichosos y subjetivos del azar».

Como puede deducirse de los pasajes que he citado, la individuación no consiste únicamente en sucesiones de imágenes del inconsciente. Éstas son sólo parte del proceso, representando su realidad interior o espiritual. Su complemento necesario es la realidad exterior, el desarrollo de la individualidad y el destino que le espera. Ambos aspectos del proceso están regulados por el poderoso arquetipo del sí-mismo. En otras palabras, durante la individuación el sí-mismo surge al mundo de la conciencia, en tanto al mismo tiempo su naturaleza originalmente psicoide se escinde, de tal manera que se manifiesta tanto en imágenes interiores como en acontecimientos de la vida real. Por ello Jung amplió su definición del proceso de individuación como una sucesión de imágenes interiores describiéndolo como la «vida» en sí: «En última instancia toda vida es la realización de una totalidad, es decir, de un sí-mismo, razón por la cual esta realización también puede denominarse «individuación»'º. Básicamente, la individuación consiste en intentos siempre renovados y necesarios para amalgamar las imágenes interiores con la experiencia exterior. O en otras palabras, es el esfuerzo «de hacer de lo que el destino pretende hacer con nosotros algo completamente nuestro» (W. Bergengruen). Cuando hay éxito una parte del sí-mismo se realiza como una unión del adentro y el afuera. Luego un hombre puede reposar sobre sí mismo, pues está satisfecho de sí y un aura de autenticidad emana de él.

Para Jung el sentido de la vida es la realización del sí-mismo. «Toda vida está ligada a carreras individuales que la realizan... Sin embargo, toda carrera está cargada de un destino y una meta [el sí mismo] individual y sólo la realización de éstos hace que la vida cobre sentido»". La importancia de esta afirmación tan coherente se torna evidente al considerar que el arquetipo del sí-mismo es «indefinible, inefable»", una X oculta cuyas concretizaciones resultan indistinguibles de las imágenes de Dios. Asimismo, el proceso de individuación no culmina en la vida más plena posible vivida porque sí y tampoco en la profunda comprensión intelectual; su sentido fluye de la cualidad númine del sí mismo. Para ponerlo en términos religiosos, la individuación debe comprenderse como la realización de lo «divino» en el hombre.

Expresar el sentido de la vida en estos términos no tiene por cierto la intención de establecer un dogma o un artículo de fe. Surge, como Jung lo enfatizara en repetidas oportunidades, sólo de la interpretación de los fenómenos psíquicos y cada interpretación es subjetiva. Obviamente, el intelecto crítico se enfrenta una y otra vez con la pregunta de la validez objetiva de los hechos y experiencias que pueden verificarse en el plano psicológico. Sin embargo, «es difícil ver cómo podría responderse a esta pregunta, pues el intelecto carece de los criterios necesarios. Cualquier cosa que sirva como criterio está sujeto a su vez a la pregunta crítica de la validez. Lo único que puede decidir en este caso es la preponderancia de los hechos psíquicos» ". Enfrentado a esta incertidumbre, Jung no descartó una interpretación del sentido opuesta a la suya, así como de la de todas las demás. «El "verdadero" sentido es con frecuencia algo que también podría llamarse "sinsentido", pues hay una gran medida de inconmensurabilidad entre el misterio de la existencia y la comprensión humana. "Sentido" y "sinsentido" son meramente rótulos humanos que sirven para brindarnos un sentido de la dirección razonablemente válido»'.

La investigación científica termina estableciendo que el arquetipo del sí-mismo alcanza su objetivo en cada vida individual. En una «individuación natural» lo hace aunque el mundo del inconsciente permanezca en la penumbra y sin que se haya visto ni siquiera una sola imagen arquetípica, menos aún que haya sido comprendida con todas sus consecuencias".

Una experiencia de sentido sin contar la de la fe viva proviene únicamente de una profundización de la realidad exterior a través del reconocimiento de su esencia númine. «La vida que tan sólo sucede para y por sí misma no es una vida real: sólo es real cuando se hace conocida»". «la vida real» comprendida aquí como «vida con un sentidos. Al tornarse consciente de sus conexiones e imágenes trascendentales y al experimentar su cualidad númine, se tiene una vaga idea de las facultades que operan en forma autónoma detrás del accionar y del ser, creando un orden en la vida de cada uno, así como detrás de hechos aparentemente fortuitos. Es así como el individuo experimenta, o intuye, cuán vasto es el nexo de la vida y la meta que se esfuerza para alcanzar, sin importar si esto debe interpretarse como sentido o sinsentido y sin importar si cualquiera de estas interpreraciones es o no buscada. Jung buscó de hecho una interpretación, intentando «crear» el sentido, aunque plenamente consciente de las limitaciones de cada interpretación. Como médico se vio enfrentado una y otra vez con la necesidad de interpretar el sentido: «El hombre puede vivir las cosas más asombrosas si éstas tienen sentido para él. Pero la dificultad se encuentra en crear ese sentido»".

Aunque el hombre esté plenamente consciente de los límites impuestos por la teoría del conocimiento, la «morada interior» y revelación del arquetipo númine del sí-mismo constituye una experiencia que puede tener graves consecuencias. El peligro de confundir la individuación con convertirse en un hombre dios o un superhombre es demasiado evidente. Las consecuencias trágicas o grotescas de este error de comprensión pueden evitarse tan sólo si la personalidad del ego es capaz de llegar a un acuerdo con el sí-mismo, sin perder de vista la realidad de las limitaciones humanas y la cualidad de ser criaturas corrientes. «El sí-mismo en su divinidad (vervigracía.,el arquetipo)... puede tornarse consciente sólo dentro de nuestra conciencia. Y puede hacerlo sólo si el ego está plantado con firmeza. El sí-mismo debe llegar a ser tan pequeño como el ego e incluso más pequeño que éste aunque sea el océano de la divinidad: «Dios es tan pequeño como yo», dice Angelus Silesius. «Debe volverse "el pulgarcito en el corazón"», escribió Jung en una carta (septiembre de 1943) al explicar la paradoja de realizar el sí-mismo. El sí-mismo es la extensión inconmensurable de la psique y al mismo tiempo su esencia más recóndita. El «pulgarcito en el corazón» es una alusión a la naturaleza infantil de la divinidad". Es el purusha indio, «más pequeño que lo pequeño, más grande que lo grande»20. También Cristo es venerado como gobernante del mundo y como niño.

"El proceso de individuación requiere una confrontación despiadadamente honesta con los contenidos del inconsciente y esto es suficiente para enfriar cualquier ataque de ebullición. Guarda numerosas penumbras y conocimientos dolorosos que conducen a la modestia. No obstante, cualquiera que mire con desdén a los «no iluminados» o que predique «verdades» se ha vuelto víctima de su propia estupidez. Ha identificado su ego con los contenidos del inconsciente. El término psicológico para esto es inflación, va desde más o menos la pomposidad inocua a la completa extinción del ego en la imagen configurada por el inconsciente. Jung pone como ejemplo de una inflación que culmina en psicosis la historia de un joven sentimental que se había enamorado de una muchacha. Cuando descubrió que ella no quería saber nada con él «se desesperó de tal manera que fue directo al río para ahogarse. Era tarde por la noche y las estrellas brillaron ante él desde el agua obscura. Le pareció que las estrellas nadaban de dos en dos a lo largo del río y le sobrecogió un hermoso sentimiento. Olvidó sus intenciones suicidas y contempló fascinado el drama extraño y dulce que se desarrollaba frente a sus ojos. Gradualmente se dio cuenta de que cada estrella era un rostro y que todas estas parejas eran amantes, los cuales eran llevados juntos en un abrazo onírico. Sintió que dentro de él nacía una nueva comprensión: todo había cambiado, su destino, su desilusión, incluso su amor fue cediendo y se desvaneció. El recuerdo de la muchacha se volvió distante, borroso; pero en su lugar sintió la completa certeza de que le aguardaban incontables riquezas. Supo que un inmenso tesoro yacía oculto para él en el observatorio vecino. El resultado fue que la policía lo arrestó a las cuatro de la mañana, cuando intentaba introducirse en el observatorio.

«¿Qué había sucedido? Su pobre cabeza había atisbado una visión dantesca, cuya hermosura jamás podría haber comprendido de haberla leído en un poema. Pero la vio y lo transformó. Lo que antes tanto le había lastimado ahora era algo distante; un nuevo y ensoñado mundo de estrellas, recorriendo senderos solitarios más allá de esta tierra plagada de lamentos, se había abierto para él en el momento en que cruzó «el umbral de Proserpino». La intuición de una riqueza increíble ¿y quién no sucumbiría a ser rozado por esta idea? le vino como una revelación. Para su pobre cabeza de chorlito fue demasiado. No se ahogó en el río, sino en una imagen eterna y su belleza murió con él»".

La individuación sigue su curso de manera significativa sólo en nuestra existencia cotidiana. La aceptación de la vida tal como es, de su banalidad, su cualidad de extraordinaria, el respeto por el cuerpo y sus exigencias, son un prerrequisito para la individuación al igual que la relación con el prójimo.

Cuanto más persistente se torna la cualidad espiritual del sí-mismo, más se amplía la conciencia a través de la integración de contenidos psíquicos, más profundamente el hombre debe afirmar sus raíces en la realidad, en la propia tierra, en el cuerpo y con mayor responsabilidad vincularse con los seres más cercanos y queridos y al entorno‘-, porque el aspecto ;»mundano» del arquetipo y sus cualidades instintivas también deben verse realizadas. Así, la individuación puede ir en dos direcciones típicas aunque opuestas. Si el aspecto espiritual de la totalidad es inconsciente y por tanto indiferenciado, el objetivo es ampliar la conciencia a través de una mayor comprensión de las leyes que sostienen la cordura de la psique. Es cuestión de sacrificar al hombre primitivo e irreflexivo en nosotros mismos. Si, por otro lado, la conciencia se ha alienado de los instintos, entonces el aspecto mundano de la totalidad ya está configurado y es cuestión de aceptar la realidad y trabajar sobre ella, de reestablecer una conexión con la naturaleza y el prójimo. En el caso del hombre moderno esto requiere con frecuencia el sacrificio de un intelectualismo parcial.

Ambas direcciones corresponden a situaciones arquetípicas en todos los niveles de la cultura, razón por la cual aparecen como variantes constantemente recurrentes en el simbolismo de los mitos y los cuentos de hadas. En ocasiones la tarea del héroe es conquistar un animal o dragón (instinto) para poder obtener el tesoro (el sí-mismo). Y otras veces su tarea es proteger y nutrir a la bestia con riesgo de su propia vida, a partir de lo cual ésta le ayudará en la búsqueda del tesoro.

La meta de la individuación, la realización del sí-mismo, jamás se alcanza plenamente. Al trascender la conciencia, el arquetipo del sí-mismo nunca puede ser aprehendido en su totalidad y debido a su infinitud tampoco es posible vivenciarlo completamente en la vida real. La «individuación exitosa» jamás es absoluta, sólo es un logro óptimo de integridad. «Sin embargo es justamente la imposibilidad de esta tarea la que la hace tan significativa», escribió una vez Jung en relación a este tema. «Una tarea posible, es decir, que tiene solución, nunca apela a nuestra superioridad». Eso provoca la individuación en el hombre, pues éste no está a su altura. «Apela a nuestra superioridad y es quizá eso todo lo que se precisa. Puede haber tareas que puedan resolverse mejor con inferioridad que con superioridad. En tanto mi superioridad no esté en peligro absoluto, una parte de mí permanece intocada por la vida» ’. Jung vuelve sobre el tema en ‘La Psicología de la Transferencia: «La meta [de la individuación] es importante sólo como una idea. Lo esencial es el opus que conduce a la meta: ése es el objetivo de una vida»". Debido al impulso del sí-mismo hacia la realización, la vida aparece como una tarea de orden supremo y allí yace la posibilidad de interpretar su sentido, lo que no excluye la posibilidad de la derrota.

La integración del sí-mismo está ligada, como toda la vida, a las carreras individuales y «cada carrera está cargada con un destino y un objetivo individual»". El arquetipo del sí-mismo infinito e incognoscible asume una forma específica y única en cada ser y la tarea, la meta de la individuación, radica en alcanzar el destino y la vocación propias. «La vocación actúa como una ley de Dios de la cual no existe escapatoria»" 26. En la realidad es un aspecto del sí-mismo, esa totalidad paradójica que es a la vez eterna y única.

El aspecto «eterno» del sí-mismo se concreta en la imagineria del inconsciente mediante símbolos impersonales: figuras geométricas o estereométricas (triángulo, cuadrado, círculo, cubo, esfera, etc.), números o grupos de números, luz y fenómenos cósmicos, objetos sagrados, y también mediante abstracciones (lo incognoscible). El aspecto individual «unico» está representado en cambio por figuras sublimes, incluso divinas, del mismo sexo con rasgos bastante definidos, y con menor frecuencia mediante una voz interior. No es necesarío decir que esto no constituye una regla invariable y que existen combinaciones o superposiciones de uno y otro grupo.

Jung utilizó los términos «sí-mismo» y «totalidad» tanto para el arquetipo no simbólico, trascendental como para la «entelequia» del individuo. Además de la expresión «sí-mismo» como una entidad colectiva, infinita e inaprehensible también se encuentra «él mismo" o «ella misma», en el sentido de la peculiaridad específica de ese individuo; y además del término indefinido o general «totalidad», también está el específico «totalidad del soñador», etc., de la. misma manera que en el lenguaje corriente «hombre» no sólo se refiere a un hombre individual sino a la totalidad de la especie.

El uso en ocasiones confuso del «sí-mismo» en este doble sentido está dado en el plano psicológico por su función de unir opuestos. En Aion Jung compara el arquetipo de la totalidad con la figura dogmática de Cristo, quien como «personaje histórico es unitemporal y único; como Dios, es universal y eterno»". Lo mismo puede decirse en el ámbito de lo psicológico: «El sí-mismo como la esencia de la individualidad es unitemporal y único; como símbolo arquetipico es una imagen de Dios y, por tanto, universal y eterno»28. Por esta razón los conceptos «destino y objetivo», o «entelequia» y «si-mismo se fusionan: uno contiene al otro.

La conciencia experimenta al sí-mismo en ambos aspectos: como un símbolo universal y eterno y como «la expresion más acabada de esa combinación irrevocable denominada individualidad»29.

Sin embargo, incluso esta «singularidad incomparable»30 jamás puede lograrse plenamente, continúa siendo la tarea y la meta de la individuación.

1 Las fantasías de los alquimistas también podrían describirse como un tipo de imaginación activa. Ver Psicología y Alquimia, párrs. 347 y sigs., 357, 390 y sigs. Para el método de imaginación activa ver «La Función Trascendental», en La Estructura y la Dinámica de la Psique, párrs. 167 y sigs., y Mysterium Coniunctionis, párrs. 706, 753.2
2 Objetivos de la Psicoterapia», en La Práctica de la Psicoterapia, párr. 98.
3 Es verdad que hay fantasías improductivas, futiles, mórbidas e insastisfactoria cuya naturaleza estéril es inmediatamente reconocida por toda persona que tenga sentido común; pero el funcionamiento defectuoso no prueba nada en contra del funcionaiento normal.» Ibíd.
4 «La Función Trascendente», párr. 189.
5 Dos Ensayos sobre Psicología Analítica, párr. 369.
6 La Función Trascendente», párr. 189.
7 «Acerca de la Naturaleza de la Psique», en La Estructura y Dinámica de la Psique, párr. 402.
8 Ibíd., párr. 400. Para el concepto del proceso de individuación ver Jacobi, El Camino a la Individuación. Relatos de sus aspectos prácticos pueden encontrarse en Jung, «Un Estudio sobre el Proceso de Individuación», en Los Arquetipos y el Inconsciente Colectivo, y en Gerhard Adler, El Símbolo Viviente.
9 Acerca de la Naturaleza de la Psique», párr. 402.
10 Psicología y Alquimia, párr. 330.
11 Ibíd.
12 «Respuesta a Job», en Psicología y Religión, párr. 756.
13 «Los Hombres Santos de la India», en ibid, párr. 957 hasta el final.
14 Psicología y Alquimia, párr. 330.
15 «Respuesta a Job», párr. 330.
16 Psicología y Alquimia, párr. 105. Ver «Respuesta a Job», párr. 756: «La diferencia entre el proceso de individuación «natural», que se desarrolla en el plano inconsciente, y aquel que se realiza en el plano consciente, es inmensa. En el primer caso la conciencia no interviene en lo absoluto; el final continúa siendo tan obscuro como el comienzo. En el segundo caso, es tanta la obscuridad que se ilumina que la personalidad resulta permeada de luz y la conciencia gana indefectiblemente en alcance y sabiduría.»
17 Psicología y Religión, párr 133 hasta el final.
18 Ver «Respuesta a Job», párr. 758: «Es decir, aún la persona iluminada continúa siendo lo que es y jamás es más que su propio ego limitado ante Aquel que habita dentro de ella, cuya forma no tiene límites conocidos, que lo abarca por completo, insondable como los abismos de la tierra y vasto como el cielo.»
19 Ver Katha Upanishad 4, 13 (Los Diez Principales Upanishads, pág. 34): «Esa Persona es el corazón, no más grande que un pulgar ardiendo como la llama sin humo, hacedor del pasado y el futuro, el mismo hoy y mañana, es el Sí-mismo.»
20 Ver Svetasvatara Upanishad 3, 20 (Los Trece Principales Upanishads, pág. 402).
21 Dos Ensayos sobre Psicología Analitica, párrs. 231-2.
22 Ver, <<La Psicología de la Transferencia», en La Práctica de la Psicoterapia, párr.
448: «La individuación presenta dos aspectos principales: en primer lugar, es un proceso de integración in- terno y subjetivo y en segundo, es un proceso igualmente indispensable de relación objetiva. Ninguno puede existir sin el otro aunque algunas veces predomina uno o el otro. Este doble aspecto posee dos peligros correspondientes.
El primero es el peligro de que el paciente utilice las oportunidades de desarrollo espiritual que surgen del análisis del inconsciente como un pretexto para evadirse de responsabilidades humanas más profundas y para simular cierta «espiritualidad» que no logra sostenerse ante la crítica moral; el segundo es el peligro de que las tendencias atávicas puedan ganar mayor peso y arrastren la relación hasta un nivel primitivo.»
23 Ver, «Las Etapas de la Vida», en La Estructura y Dinámica de la Psique, párr.771: «Los problemas serios de la vida jamás se resuelven plenamente. Si alguna vez pareciera ser que están resueltos, eso constituye una señal segura de que algo se ha perdido. El sentido y propósito de un problema pareciera hallarse no en su solución sino en el permanente trabajo que se realiza sobre el mismo. Unicamente esto nos preserva del embrutecimiento y la petrificación.»
24 Párr. 400.
25 Psicología y Alquimia, párr. 330.
26 El Desarrollo de la Personalidad, párr. 300. «Todo el que tiene una vocación scucha una voz del hombre interior: se siente llamado.» Ibíd.
27 Aion, párr. l 16.
28 Ibíd.
29 Dos Ensayos, párr. 404.
30 Dos Ensayos, párr. 266.