Orientaciones psicoterapeuticas basadas en Carl Gustav Jung por LOLA HOFFMAN, Analista Junguiana, Chile extraído del libro "ENCUENTROS CON LOLA HOFFMAN",

de Delia Vergara, Editorial La Puerta Abierta

El psiquiatra .Suizo Carl Gustav Jung fue uno de las maestros de Lola. Ella hizo sus estudios formales de psiquiatría en la escuela de Jung en Suiza. En el lenguaje dc los entendidos era una psiquiatra "junguiana". Escribió este resumen en el año 1964 como apuntes para un curso. Es tal la precisión y claridad de estos apuntes , que la filosofía y el método junguiano resultan comprensibles para cualquier mortal.

La llamada psicología analítica o psicología compleja no es solo un método curativo, sino, sobre todo, un desarrollo de la personalidad del paciente.

Jung insiste en que nunca se le habría ocurrido separar su camino del de Freud o de Adler, si no se hubiera topado con hechos que la obligaron a modificar sus teorías. Por ejemplo, sucede con frecuencia que el análisis de transferencia deja a un individuo inmaduro, dotado de cierta autocomprensión, pero incapaz de desenvolverse adecuadamente en la vida. En esta etapa lógicamente entrarían en funci6n las intenciones educativas de la psicología normal. Sin embargo, existen numerosos individuos muy bien adaptados colectivamente, que poseen y hacen todo la que podría considerarse como requisitos de salud mental y cumplen con las tareas que, para Freud o Adler, sintetizan la misión del ser humano, pero que, a pesar de todo, desarrollan una neurosis.

Las principales dificultades se le presentaron a Jung con pacientes en la segunda mitad de la vida. Parece que los hechos psíquicos fundamentales sufren un considerable cambio en el curso de la vida. La vida de la persona madura está en estado de contracción. El sujeto tiene que mantenerse firme en la posición alcanzada y reducir la tendencia juvenil hacia la expansión. Cuando se presenta una neurosis en una persona madura hay que sospechar que se ha aferrado en forma morbosa a una actitud demasiado juvenil. Así como el neurótico joven retrocede ante la vida, el neurótico maduro se opone y teme a la muerte.

Los síntomas de una neurosis son no sólo efectos de traumatismos ocurridos en la lejana infancia, sino representan también esfuerzos de la psique para realizar una nueva síntesis de la vida. Además de la sexualidad y el afán infantil de poder, existen otros importantes impulsos, como, por ejemplo, el cultural y el espiritual. La principal causa de una neurosis se encuentra en la incapacidad de la libido (libido no tiene un significado puramente sexual, sino que corresponde a la energía psíquica general) para ayudar al sujeto a vencer un obstáculo y a llevarlo a una nueva etapa de desarrollo. Generalmente, la neurosis es causada por un conflicto entre dos tendencias, una expresada en el plano consciente y la otra por un complejo separado de la conciencia que lleva una existencia independiente. Este complejo puede irrumpir inesperadamente en la conciencia o bien puede atraer hacia sí todas las fuerzas psíquicas impidiendo que estas energías se inviertan en forma normal en la actividad consciente y dirigida del sujeto.

Jung considera que toda neurosis tiene su meta: es un esfuerzo de la psique por compensar una actitud excesivamente unilateral, es una especie de voz de alarma que llama la atención sobre un lado de la personalidad que había sido descuidado y reprimido.

Por supuesto existen varias etapas en las cuales un tratamiento puede darse por terminado. Hay pacientes que encuentran una satisfacción permanente cuando desaparecen síntomas molestos, o cuando han alcanzado un desarrollo adecuado para una mejor adaptación a la vida. Otros terminan el tratamiento cuando se ha hecho consciente un esencial contenido psíquico que ha proporcionado un nuevo ímpetu a su existencia. Sin embargo, son numerosos los casos que vuelven en una fecha posterior, movidos por el deseo de entender y desarrollarse aún más, hecho que ocurre, como hemos mencionado, sobre todo en la segunda mitad de la vida. Existen también sujetos que, sin presentar síntomas neuróticos, se sienten simplemente "estancados" a pesar de haber llevado vidas bien adaptadas y muchas veces hasta muy exitosas. Este tipo de pacientes generalmente ha leído mucho, pensado profundamente y ha explorado las posibilidades ofrecidas por la religión y la filosofía. Todas las respuestas que la conciencia les puede dar les son conocidas. Tampoco el médico le puede dar una solución racional; lo único que sabe es que la psique inconsciente de su paciente va a reaccionar de alguna manera, desconocida por el momento, frente a este insoportable estancamiento.Es aquí donde Jung hace su contribución tan fundamental a la Psicoterapia con su Procedí-miento Dialéctico.

A los tres conocidos planos de acción psicoterapéutica, el de la catarsis, del análisis de transferencia y el de la educación, Jung agrega un cuarto plano: el de la transformación. En esta etapa del tratamiento, el terapeuta tiene que prescindir de todas sus teorías y técnicas, ya que Io individual del paciente es algo absolutamente imprevisible, singular y no interpretable.

El Procedimiento Dialéctico no es un perfeccionamiento o una continuación de prácticas más antiguas, sino una total renuncia a ellas en favor de una posición no prejuiciada: ahora el terapeuta ya no actúa, sino vivencia junto con el paciente el proceso de su desarrollo.

En vista de que sucede con frecuencia que la propia idiosincrasia y la actitud del médico frente al paciente entorpecen el proceso de curación, Jung ha expresado la exigencia de que el analista debe someterse a un análisis didáctico.

La terapia analítica preconizada por Jung exige que el médico abandone su posición anónima de autoridad y que dé cuenta de si mismo: en resumidas cuentas, el terapeuta tiene que hacer exactamente lo mismo que exige del paciente. El tratamiento es el producto de una influencia mutua, donde participa tanto el paciente como el médico con su ser total. El encuentro de dos personalidades es como la mezcla de dos sustancias químicas: cuando se forma un compuesto, ambas sustancias se habrán transformado. Sólo cuando el terapeuta está afectado de alguna manera por el paciente, podrá tener influencia sobre él. Son sobre todo los factores irracionales de la relación médico-paciente los que producen mutua transformación, siendo en este proceso la personalidad más estable y fuerte la decisiva. La posición ética del médico se hace un problema ineludible. Lo que decide ya no es el diploma médico, sino la calidad humana.

La meta de la confrontación dialéctica entre analista y paciente es la creación de un encuentro entre consciente e inconsciente del paciente. Con esto se inicia la etapa de la transformación o el Proceso de Individuación, proceso en el curso del cual el paciente llega a ser El Mismo, es decir, realiza su in dividuaIidad más íntima, última y única en su género. El camino hacia Si Mismo es el camino hacia dentro, la introversión.

El Proceso de Individuación no es idéntico a la toma de conciencia Del Yo, ya que el Sí Mismo abarca infinitamente más que sólo un Yo: es la totalidad del ser humano, una magnitud superior al Yo consciente. Implica no sólo la psique consciente sino, también la inconsciente, constituyéndose como el centro de esta totalidad. Es la meta de la existencia, ya que es la expresión más completa de aquella constelación del destino que se llama individuo.

En el curso del Proceso de Individuación el consciente y el inconsciente llegan a armonizarse y a enriquecerse mutuamente por una especie de ósmosis. El analista debe ser el catalizador de la evolución y el promotor de un renacimiento del paciente. Para conseguir esto deberá ser también el historiador de un pasado psicológico. Es de gran utilidad para el terapeuta tener un profundo conocimiento de la psicología de los primitivos, de mitología, arqueología e historia comparada de las religiones.

l.a individuaci6n sólo se realiza plenamente en virtud de una entrega aparentemente paradójica a lo colectivo. El Proceso de Individuación tiene dos vertientes: la del Inconsciente Personal y la del Inconsciente Colectivo. Este último, formado por Instintos y arquetipos, no tiene, como el Inconsciente Personal, contenidos individuales sino está compuesto por elementos universalmente difundidos.

La Individuación o Integraci6n de la Personalidad se presenta como una sucesión de imágenes en forma dc impresiones visuales, fantasías o sueños. Sorprende mucho la continuidad del flujo de estas representaciones: aparecen determinados motivos que se repiten constantemente. El Yo, mirando hacia dentro, se encuentra primero con su Sombra, figura que personifica todo lo que el sujeto no reconoce de sí mismo y que, sin embargo, se le impone constantemente, como por ejemplo rasgos de carácter de inferior calidad y tendencias incompatibles con la vida consciente. Como parte del Inconsciente Personal, la sombra pertenece al Yo, pero como arquetipo del "Adversario" es un elemento del Inconsciente. Colectivo. El primer paso del análisis consiste en llevar la Sombra a la conciencia.

Después de haber aceptado la existencia de la parte negativa y reprimida de la psiquis, aparece generalmente el importante arquetipo del Anima o del Animus. Se trata del complemento del alma, de la parte femenina en el hombre y masculina en la mujer. La aparición de este símbolo es un correctivo de la unilateralidad que el propio sexo imprime a la personalidad del sujeto. Según Jung, la psiquis es una estructura básica idéntica en ambos sexos, poseyendo cada individuo simultáneamente potencialidades de lo masculino y dc lo femenino.

Jung ha observado que, en series oníricas extendidas en un lapso de varios meses, determinados motivos aparecían decenas de veces, hecho que ilustra la continuidad del tema inconsciente. Generalmente los motivos alternan con otros. Después de haber vivenciado su feminidad inconsciente, el hombre se encuentra con su personalidad madura, que muchas veces es simbolizada con la figura del Mago o del Anciano Sabio. La psique femenina toma un desarrollo correspondiente, apareciendo en sueños y visiones después de la asimilación de la Sombra y del Animus, como una poderosa figura femenina, la Magna Mater.

Los símbolos que aparecen en el curso del Proceso de Individuación son sumamente numerosos y variados. En las etapas iniciales pueden presentarse imágenes de catástrofes, símbolos teriomórficos, cuevas subterráneas, mar, armas, instrumentos, etc. símbolos de una etapa intermedia son el árbol, algún pasaje peligroso, estar nadando, estar suspendido, "ahorcado", etc. El fin del proceso se caracteriza por la aparición dc los símbolos del Sí Mismo como el Sol, el León, el Rey, un tesoro guardado por un monstruo, etc. El Si Mismo puede aparecer también cromo figura hermafrodita, como joya muy preciosa, como flor, huevo o bola de oro, como copa y con frecuencia como niño. Aparecen muy a menudo figuras geométricas como el círculo, la rueda, el cuadrado, rectángulo, la cruz.

Los símbolos de estructura concéntrica se conocen bajo el nombre de Mándala, palabra sánscrita que significa "circulo mágico". Es uno de los más antiguos símbolos religiosos y se encuentra entre todos los pueblos de lodos los tiempos. Jung ha encontrado que el simbolismo del Mándala ocurre en forma espontánea en sueños y visiones de muchos individuos modernos. Generalmente la aparición de un Mándala va acompañada de una intensa sensación de paz y armonía. Con frecuencia los sujetos tienen la espontánea tendencia de dibujar y pintar estas figuras en las cuales el círculo y cuadrángulo son elementos importantes. En esta fase del tratamiento, el médico recomienda al paciente tratar de concentrarse en tales visiones, ejercicio que Jung llama "Imaginación Activa" sobre todo dibujar y pintar las representaciones del Inconsciente. Los mismos motivos que aparecen en fantasías, sueños y delirios del individuo moderno se observan con extraordinaria frecuencia en mitos y cuentos de la literatura mundial. Estas imágenes se caracterizan por el hecho de que la intensa carga afectiva que las acompaña les confiere un carácter impresionante, influyente y fascinador. Jung las denomina "Representaciones Arquetípicas". No son idénticas con Ios Arquetipos, sino tienen sólo su origen en ellos. Jung insiste en el hecho de que los Arquetipos no están determinados (como las Representaciones Arquetípicas) por su contenido sino sólo por su forma. Esta se podría comparar con la estructura reticular que determina la formación de los cristales en una soluci6n saturada. El Arquetipo es una posibilidad dada a priori de la forma que va a tomar la imagen. Lo que se hereda no son las repre-sentaciones sino sus formas, pareciéndose los Arquetipos a los instintos, los que también están determinados sólo formalmente: mientras no principien a funcionar concretamente, no se puede comprobar su existencia. Jung cree que la esencia del arquetipo es trascendental, es decir, que no puede ser captado por la conciencia, raz6n por la cual lo determina como "psicoide". Con este término Jung caracteriza la capa profunda, no evidente, del Inconsciente Colectivo.

Todo símbolo tiene varios significados y puede interpretarse en diferentes planos: en el plano del objeto, como ya lo había hecho Freud, y en el plano subjetivo. La interpretación en este plano es una de las contribuciones más importantes que ha hecho Jung a la psicoterapia moderna: cada personaje o cada cosa del sueño o de la visión representa una parte del soñador, es decir, alude a aquellos componentes de su psique que se parecen al personaje u objeto soñado. El motivo del sueño consta sólo en parte de elementos proporcionados por la observación, sin embargo, en gran parte está formado de elementos inconscientes de la psique del soñador. Soñar es para el paciente la manera global de representar la experiencia de su mundo: el soñador no es sólo el personaje del sueño que dice Yo, sino es también la situaci6n, los otros personajes que aparecen, y sobre todo el mundo y la atmósfera del sueño (calmada o inquietante).

El encuentro con el significado del símbolo puede comunicar al paciente con energías psíquicas cuya existencia ignoraba totalmente. La vivencia del símbolo como algo propio y al mismo tiempo algo perteneciente a la humanidad, libera al sujeto de su aislamiento neurótico.

Las herramientas terapéuticas más importantes son para Jung la interpretación del sueño y el dibujo, con lo cual se llega a establecer la relación entre el símbolo colectivo y la psique. Para esto se necesita no sólo un profundo conocimiento y comprensión de los símbolos universales, sino también el conocimiento de la estructura y la dinámica psíquica, La psique es un sistema funcional en el cual se compenetran mutuamente la conciencia, el Inconsciente Personal y el Colectivo. El 1nconsciente presenta múltiples aspectos contradictorios, el del pasado y el del porvenir, el de la causalidad y el de la finalidad, un aspecto constructor y creador y, opuesto a éste, una faz cruel, devoradora y destructora capaz de perturbar el Yo o incluso invadirlo y devorarlo, como sucede en la psicosis.

Jung nos muestra siempre la vida psíquica como un movimiento entre contrarios. No existe equilibrio y no hay autorregulación psíquica sin contrarios. Típicas tensiones entre dos polos son: Introversión-Extroversión; Actividas -Pasividad; Intelecto-Sentimiento; Racional-Irracional; Consciente-Inconsciente, etc. Los sueños y la lmaginación Activa tienden siempre a establecer el equilibrio psíquico entre los contrarios. Una vez analizados e interpretados los elementos inconscientes, éstos pierden su carácter mortificante, perseguidor y contradictorio.

El equilibrio psíquico se basa también en el juego armonioso entre las cuatro funciones de la conciencia: La sensación, el pensamiento, el sentimiento y la intuición. Generalmente, durante la infancia y adolescencia se desarrolla una de las cuatro funciones, transformándose poco a poco en el instrumento predilecto y desplazando a la función antagónica. Las dos funciones irracionales, la sensación y la intuición están funcionalmente opuestas, así como las dos funciones racionales, el pensamiento y el sentimiento.

l.a insuficiencia de una función tiene grandes inconvenientes y, a la inversa, toda función hipertrofiada se torna excesivamente rígida, llevando al sujeto a una actitud unilateral y neurótica.

El consciente es para Jung la piedra angular de la arquitectura psíquica. Es lo que pone en conexión los contenidos psíquicos del Yo y hace la síntesis adaptativa entre mundo exterior y mundo interior. El consciente no es un aparato psíquico perfecto. Es muy sensible, muy frágil, depende de impulsos, de irrupciones de capas profundas y además se encuentra entorpecido en su funcionamiento por las proyecciones. Numerosos contenidos inconscientes se proyectan sobre personas o cosas del mundo exterior, dotando a éstas de cualidades y actitudes que pertenecen al propio sujeto, y falsificando así la vida de las relaciones.

La toma de conciencia corresponde a la realización de un proceso bio-psicológico esencial. El inconsciente no es un simple receptáculo sino una capa matriz de la cual emerge, en el curso de la filogé-nesis, la conciencia misma, emergencia que se repite en cada individuo en el curso de la ontogénesis.

Mientras Freud se queda con la perspectiva reductora y causal de la neurosis, Jung agrega puntos de vista decididamente prospectivos y sintéticos. El Procedimiento Dialéctico lleva a una evolución, un futuro, una transformación de la personalidad del paciente; éste se adapta mejor a la vida y a la realidad, su personalidad se afianza haciéndose al mismo tiempo más sutil, más matizada, más resistente a las dificultades y las inevitables frustraciones. Una personalidad bien integrada sólo reconoce valores propios a los cuales se somete voluntariamente. En vez de rebelarse se acepta a si misma y a los demás. La personalidad independiente es el mejor servidor del bien común. Para Jung el Si Mismo es el Dios en nosotros. El lugar de la Divinidad ocupa, en el individuo plenamente desarrollado, la idea de la totalidad del ser humano.

La psicoterapia junguiana trasciende sus orígenes médicos y deja de ser sólo un método para tratar pacientes neuróticos.

Jung no emplea nunca una técnica estricta, y sólo aconseja la mayor penetración y finura. No usa el diván analítico, sino se sienta frente a frente con el paciente, creando así una situación de igual a igual. Para las anamnesis emplea los clásicos métodos clínicos, agregando a veces al examen mental su test asociativo, con el cual capta en forma rápida los complejos más prominentes.

Al principio del tratamiento Jung recomienda 2 a 3 sesiones por semana. Cuando principia la fase sintética, conviene reducirlas a una por semana para que el paciente aprenda a buscar su propio camino.

El médico no debe cejar en el empeño de realizar un trabajo escrupuloso con el paciente. A pesar de la difícil situación psíquica de nuestra época, la única meta alcanzable es el desarrollo y la maduración de la personalidad, proceso que lleva a un máximo de plenitud vital.